sábado, 20 de diciembre de 2008

A V. H.

Algunos afirman, no sin antes haber cavilado, reflexionado, razonado, considerado y sopesado los pros y contras, que la poesía es la rosa de la muerte. ¿O la muerte de la rosa? ¿O la muerte de Rosa? ¿O la roza de la muerte? ¿O la muerte roza? ¿Rosamuerte? ¿Muerterosa? ¿Rosamuerteroza? ¿Rozamuerterosa? ¿Roza la rosa a la muerte? ¿Rosa la roza a la muerte? ¿Etreum a la azor? ¿Etreum a la asor? ¿Azor a la muerte? ¿Muerte al azor? ¿Asor a la muerte? ¿Azar a la muerte? ¿Azahar a la muerte? ¿Muerte al azahar? ¿Muerte al azar? ¿Muerte altazar? ¿Muerto Altazor? No, Altazor vive. Y es la rosatla de la muertetla que germina en los versos de Huidobro.

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