lunes, 11 de octubre de 2010

A la sombra del mar

Es ya tarde
Las olas nos traen
Las buenas nuevas de la espuma
Y te da por juguetear
Con tu cabello
La arena se reparte por tu cuerpo
En rincones que antes sólo mis manos

Prendes un cigarro
De los que yo no fumo
Puede ayudarte a escribir
Me dices
A escribir lo que yo no escribo
Recalcas
O de menos a sonreír
Me dices
A sonreír lo que no sonríes
Subrayas

Hay un espacio entre el viento y tú
Que ocupo yo
Y me gusta el olor
De lo que fumas
Y el olor
De lo que sudas

Tus poemas son piropos rebuscados
Me dices
Y abres tus brazos
Atrapando algo
Que yo no veo
Sólo intuyo
Que es como burla

Frente al mar
Sigo tu juego
Pues tus pechos son pequeños
Te digo
Y el izquierdo está más
Caído que el derecho
Te recalco
Y después te muerdo
Para comprobar que no esté
Diciendo una mentira

Tú te alejas de mis dientes
Y cruzas tus brazos
Cerrando algo
Que yo no veo
Sólo intuyo
Que es como enojo

Fuma
Me dices
Ya se va a acabar
Recalcas
Y te recuestas
A la sombra del mar

Yo fumo
Sonrío
Fumo
Y escribo

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tu cuello 21 & 17.2

Estoy frente a su puerta
y escucho tamborazos,
algo así como música afroantillana.
Me dijo
que traía un cuento entre manos,
pero más bien vine
por el poema que trae
entre piernas.

Me abre,
de sudor cubiertita,
y me dice
que no hay nada
que la excite más que unos
negros dando tamborazos.

Y aunque sé que en su cuerpo mojado
se guardan los seretos del agua,
me encabrono un poco.

Saca una botella de vino.
“Me la regaló el de la tienda de la esquina.
Creo que me quiere coger.”

Y ahí sí me emputo.
Puedo tolerar a sus negros imaginarios.
Pero tampoco soy de piedra.

Su voz se pierde
mientras veo sus discos.
Y aunque ahí están Odetta,
Patti Smith y
Di Meola,
me llega el conocimiento atroz
de que lo que busco
no está ahí,
no en ella,
no en su.

Así que salgo
y bajo las escaleras.

Qué fácil es decir adiós
cuando no hay necesidad
de azotar las puertas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Negro pendiente de tus ojos

Int. Cocina – Noche
3:23 de la mañana.
Fiesta en su casa.
No tengo ni puta idea
de qué decirle
ni qué hacer
ni qué.
Sólo estoy consciente
de que me enfermo
cada vez que la veo.
Me da algo llamado priapismo.

Int. Estudio – Noche (V.O.)
Según
los hombres recordamos
vagamente
nuestra primer cogida.
Yo creo que esa afirmación
es una soberana mentira.
O tal vez yo soy
un romántico.

Ext. Zotehuela – Noche
Alguien me alza la mirada
para ver las estrellas.
Alguien cuenta estrellas
con mis dedos.
Sólo son 7 y media nube.

Int. Sala – Noche
3:45.
Su casa se va quedando vacía.
Tomo cerveza por la misma razón
que lo siga haciendo ahora:
no encuentro, a veces,
nada mejor qué hacer.
Estoy a punto de irme,
pero mi hombro se detiene
en su mano.
Sus ojos arcoirean
y el destello acaba
no sé dónde.

Int. Cuarto – Noche
En el laberinto de la noche
sólo encuentro sus piernas.
Me encanta su perfume barato
y sus ojos caros.
Pego mi oreja en su pecho
y ahí escucho que el paraíso
es mudo.

Ext. Zotehuela – Noche
Fumo
por la misma razón que tomo cerveza.
Le comparto mi cigarro.
Eras virgen, ¿verdad? - pregunta
Creo que sí - digo
Ella me pasa el cigarro
¿Y tú? - pregunto
De ti, sí - contesta

Int. Estudio – Noche (V.O.)
Después de más de 13 años
me pidió que le escribiera un poema.
Casi olvido su nombre.
Sólo recordaba que tenía 6 letras
y que a mí me parecía
infinito…

lunes, 20 de septiembre de 2010

Nació a la sombra

Mi padre nació
A la sombra.
Pero creció, terco,
Al sol.

Soñaba en maya
Y aprendió el idioma español
Ya grandecito.
Por eso luego no sabe
Cómo expresar
Algo en palabras
Y mejor lo sonríe.

Sabiendo que el mar
No tiene orillas
Emprendió el camino
A la ciudad

Último de catorce hermanos,
Fue el primero,
De toda su familia,
En graduarse
De la primaria,
La secundaria,
La preparatoria,
Y la universidad.

Es médico militar
Cuando todo indicaba
Para beisbolista
O muerto de hambre.
Pero las ganas de aprender
Se le salían
Por los huesos.

Algo de lo que soy
Se lo debo a él.
Lo bueno.

Y luego
Se asoma a la ventana
De sus sueños
Sólo para cerrar la ventana
Y poder seguir soñando.

martes, 14 de septiembre de 2010

Cabizbajo por la lluvia

No eres tú
cuando vuelas,
son las alas
que te escribo
para alejarte
del dolor.

No eres tú
la que llora,
son las aguas
que te inundo
para que le des
ojos al mar.

No eres tú
cuando en rubor
te escapas
de tu piel,
son mis dedos
de pincel
que te aprenden
a colorear.

No eres tú
quien infinita
se revuelca
en mi cama,
son mis manos
que te roban
las orillas.

No eres tú
cuando te escribo,
eres sólo
mitología
que yo he creado
y con la que
no eres congruente.

No eres tú,
ni soy yo,
es sólo
este verso
que se escapa
y se despeña
ciego
frente a nada.

martes, 7 de septiembre de 2010

426 esbozos de un boceto que no bosqueja

Parado en una de tus lágrimas
En la segunda
Porque a la
Primera la dejé
Caer
Así
Como rozando
El viento
En húmedas
Y la tempestad
No es más
Que el rocío
Multiplicado
Por las flores
Que ya no están
Y en la segunda de tus lágrimas
Hay menos
Agua que en el mar
Pero más marea
Porque
Se agita
Ahí
El azote
De
Una nostalgia
Que no alcanzo
A concebir
Y sólo
Estoy ahí parado
Pero bien podría sentarme
A la orilla
De alguna orilla
Que es el centro
De donde ahora
Estoy

lunes, 30 de agosto de 2010

De Mérida, roto

Lo primero
Es nombrar el viento
Nombrarlo
Porque qué pinche calor
Hace acá
Nombrarlo
Suavecito
Para que no tempesteé
Nomás
Que ligero
Haga acto de presencia
Y arrulle los árboles
Y las hojas
Suelten de verde
Sus manos

Decir más viento
Y que la avenida
Se desnude
De calor
Para así poder
Sólo poder
Nombrar lo que sigue
Que es la
Luz

Una luz casi apagada
Que se filtre
Por tus ojos tibios
Y de ahí
Se bifurque
Y no se apague
Hasta que caiga
La noche
Y aunque eso ya
Está nombrado
Y se llama día
Nunca está de más

Después
Hay que nombrarte
A ti
Mujer
De espalda
Ligera
Y mirada
Alta
Nombrarte
Dos veces
La primera vez
En silencio
Y la segunda
Igual que la primera

Y por último
Decir el silencio
Para que nos duelan
Las orejas.

martes, 24 de agosto de 2010

Gurús

Uno dice, pregúntale al viento
Otro dice, que ahí está soplando la respuesta
Pero la respuesta del aire
Viene con signos
De interrogación
O con un dejo
Imperativo

Uno más afirma
Que mientras la novela gana por puntos
El cuento lo hace por knock out
Yo añadiría
Que la poesía
Siempre pierde

El otro
Cae en paracaídas
Como yo
Pero el suyo
Si abre
Cubriendo
Todas
Las palabras
Que aterrizan
Suavecitas
En oídos

El último metió su mano
Al costalito
De la poesía
Y se llevó todo

Así que
Sólo me queda
La ceiba
De una sombra

martes, 10 de agosto de 2010

Presunción

Hay días,
Casi a diario,
En que me siento
Un poeta de altos vuelos
Pero me desmienten
Las nubes
Allá arriba
Y el olor a mierda
De acá abajo

Así que busco,
A gatas,
A ras de cielo,
Una bocanada fresca
De aire

Luego me preocupa
Que tenga que escarbar
En los huesos de mis huesos
Para encontrar
Una canastita
Con tres palabras

¿Se estarán agotando las reservas?
¿Qué me queda ya después?
¿Ponerme una corbata
Para sentirme más desnudo?
¿Calzarme unos zapatos
Para que sea otro el que me camine?

Hay algo mal en el mundo
Cuando sus poetas
Se ven forzados a conseguir trabajo
O a casarse

Mi entierro de las flores

Yo, procuro, no sacudirme
a mis muertos.
¿Para qué?
Si casi no pesan.
Mejor
los cargo, ligeros,
en mi espalda
y nos vamos
tristitos por la vida.

Ellos pesan
menos que los vivos.
Ha de ser
porque carecen
de pretensiones.

Y, a diferencia de éstos,
quedan satisfechos con mis respuestas.

Lo que cabe en tus puños,
les respondo,
cuando me preguntan,
¿cuánto pesa el aire?

Vendremos por ti
algún día,
me murmullan
como Pedros en su páramo
cuando me recuestan por la noche.

Está bien.
Acá los espero.
Sólo no me sacudan mucho.

Pero no prometen nada.
Sólo sonríen,
y se les ve el polvo,
y se les sale el silencio
por el pecho.

Y para ser cadáveres
son bastante flexibles.
Cada que se me cae la mirada,
ellos se agachan
a recogerla.

Son bien vivos mis muertos.
Por eso no los muero.
Por eso sí los vivo.