En la noche yo le cántole
A ella cántole toda la noche
Cántole, y mi amor es un derroche
Que se grita a cada diástole
Eres hija del deseo, hija,
Eres madre de mis huesos
Tu lengua es una cobija
Donde se cubren mis besos
Eres un sol a toda asta
Que en el día banderea
Espantando a la marea
De la luna iconoclasta
En el día pierdo la batalla
Por las noches bombardeo
Las trincheras del deseo
Versos que someten tu muralla
Eres sólo un pretexto al rimar
El tablero donde juego
Una tormenta de fuego
Que, inquieta, no se deja atrapar.
lunes, 5 de enero de 2009
sábado, 3 de enero de 2009
Cocom quiere escribir un cuento
Cocom quiere escribir un cuento de cómo Cocom escribe un cuento. Cocom se considera un gran escritor. Un arquitectazo en cuanto a la construcción del lenguaje narrativo. Sabe poner los puntos donde van los puntos, las comas donde van las comas y los puntos y comas donde no van ni los puntos ni las comas. Ha leído Gramáticas de la creación de Steiner y tiene en su librero El lenguaje y el entendimiento y Sintáctica y semántica de la gramática de Chomski.
Cocom empuña la pluma como si fuera una espada para encausar la voz narrativa como sólo lo hacen los grandes. Es, además, experto en moldear la tipología de sus personajes de acuerdo al planteamiento narrativo que se plantea desde la primera página. Por si fuera poco, odia los pleonasmos. En fin, Cocom es un escritor que, a veces, roza el nivel de lo sublime.
Sin embargo, Cocom no puede escribir su cuento de cómo Cocom escribe su cuento por una sencilla razón: se le ha escapado el numen. Por más que lo intenta sujetar por los tobillos es en vano. El numen se ha fugado, tal vez a los versos de un poeta francés.
Cocom está sentado en su inmensa banqueta, disfrazado de vagabundo y rodeado de constelaciones de cervezas buscando el numen vacío en una botella. Cocom frota el envase como última esperanza y sus ruegos se ven recompensados con la aparición de un genio (acaso más muñón que Cocom, pero genio al fin), que le promete concederle tres deseos.
Cocom habla: “Quiero escribir como Monterroso. Quiero escribir un cuento corto de cómo estoy escribiendo un cuento corto.” La pluma comenzó a escribir. Y cuando Cocom despertó, el numen ya no estaba ahí. El cuento tampoco. Cocom se dio cuenta que era una mala idea.
“Al carajo Monterroso. Ahora quiero escribir como Bukowski.” Por magia de arte, aparecieron dos cartones de cervezas, una botella de vino tinto y un vaso de plástico. Cocom apuró las cervezas y tres cuartos de la botella antes de escribir. Cocom es un pendejazo que quiere escribir. Pero nunca ha sido un alcohólico, ni ha conocido a muchas, hermosas, mujeres. Jamás ha estado en una pensión de mala muerte y no le gusta ir al hipódromo. Así, está cabrón reclamar el numen. Cocom leyó lo que había escrito, bebió el resto del alcohol, lo escupió sobre la hoja y le prendió fuego.
Enojado por haber malgastado dos deseos, dijo al genio: “Ya no quiero escribir como nadie. Quiero escribir frases de esas que sacan chispas de los ojos. Quiero escribir como escribía antes.” El genio asintió, cruzó los brazos, cerró los ojos… y apareciste tú.
Cocom empuña la pluma como si fuera una espada para encausar la voz narrativa como sólo lo hacen los grandes. Es, además, experto en moldear la tipología de sus personajes de acuerdo al planteamiento narrativo que se plantea desde la primera página. Por si fuera poco, odia los pleonasmos. En fin, Cocom es un escritor que, a veces, roza el nivel de lo sublime.
Sin embargo, Cocom no puede escribir su cuento de cómo Cocom escribe su cuento por una sencilla razón: se le ha escapado el numen. Por más que lo intenta sujetar por los tobillos es en vano. El numen se ha fugado, tal vez a los versos de un poeta francés.
Cocom está sentado en su inmensa banqueta, disfrazado de vagabundo y rodeado de constelaciones de cervezas buscando el numen vacío en una botella. Cocom frota el envase como última esperanza y sus ruegos se ven recompensados con la aparición de un genio (acaso más muñón que Cocom, pero genio al fin), que le promete concederle tres deseos.
Cocom habla: “Quiero escribir como Monterroso. Quiero escribir un cuento corto de cómo estoy escribiendo un cuento corto.” La pluma comenzó a escribir. Y cuando Cocom despertó, el numen ya no estaba ahí. El cuento tampoco. Cocom se dio cuenta que era una mala idea.
“Al carajo Monterroso. Ahora quiero escribir como Bukowski.” Por magia de arte, aparecieron dos cartones de cervezas, una botella de vino tinto y un vaso de plástico. Cocom apuró las cervezas y tres cuartos de la botella antes de escribir. Cocom es un pendejazo que quiere escribir. Pero nunca ha sido un alcohólico, ni ha conocido a muchas, hermosas, mujeres. Jamás ha estado en una pensión de mala muerte y no le gusta ir al hipódromo. Así, está cabrón reclamar el numen. Cocom leyó lo que había escrito, bebió el resto del alcohol, lo escupió sobre la hoja y le prendió fuego.
Enojado por haber malgastado dos deseos, dijo al genio: “Ya no quiero escribir como nadie. Quiero escribir frases de esas que sacan chispas de los ojos. Quiero escribir como escribía antes.” El genio asintió, cruzó los brazos, cerró los ojos… y apareciste tú.
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